El glorioso pero casi extinto Partido Conservador Colombiano presento en estos últimos días tal vez lo que puede
ser considerado como el último espectáculo de su decadencia institucional, debido a la falta de transparencia de las directivas
parlamentarias del DNC que lograron materializar con sus muy dudadas maniobras que la convención conservadora
no se realizara antes del plebiscito por la paz.
¿Un temor justificado? Si, a una segura
y aplastante derrota los caricaturescos líderes regionales conservadores que promueven
la impunidad Gobiernista, esa que habla de derechos electorales y curules
directas a los reclutadores de niños, esa misma que puso la bomba en el Nogal y
que aun al día de hoy hace parte de la lista Clinton, esa que pretende que los perpetradores de crímenes
atroces tengan curul por cárcel, esa misma que pretende borrar a las víctimas
de las Farc de la memoria histórica del país, y hacer de la impunidad la verdad verdadera.
Así al leer y escuchar los reclamos justificados de la jefe natural Marta Lucia Ramírez y de
otro lado las pobres excusas del pseudo-conservador David Barguil presidente
del Directorio Nacional, que no es ni chicha ni limonada-, quedo demostrado que el complot contra la
militancia conservadora se teje desde las Directivas del mismo Partido, debido
a la falta de coherencia de sus líderes regionales y su intensión firme de
impedir a cualquier costo la materialización
de un liderazgo conservador nacional real que identifique y unifique a las
bases en torno a que se manifiesten
nuevamente en contra de los interés personales de los promotores del “si” a la
impunidad.
Es triste ver que al día de hoy
la suerte del PCC se vea sometida a la jefatura de unos personajes -indoctrinarios,
vanidosos y faltos de liderazgo-, que casualmente son los mismos que respaldan
la impunidad de la Habana, y que lo único
que tienen y pueden ofrecerle al país y a la militancia de Partido son las migajas
que caen de la mesa del peor gobierno de la historia de Colombia.
Y como si fuera poco lo gracioso es que salen a posar de “personajes independientes”, cuando es un hecho notorio que su criterio
depende de la mermelada azul, respaldad por la rivalidad mezquina y desproporcionada
de las burlescas cuotas burocráticas de algunos de los miembros más
representativos del DNC y que lo único que han hecho es construirle un sepulcro al Partido de Caro y Ospina.
De tal forma que así quieran evitar lo inevitable, lo cierto es que para las próximas elecciones estarán sin votos pues la militancia
conservadora --que si es independiente-, ira a parar al Centro Democrático y
votara con coherencia y le dirá no a la impunidad; adicionalmente y como si
fuera poco estarán sin ideas ya que sus propuestas se sustentaran en una paz
que respalda y legitima los crímenes de un grupo narco-terrorista y violador de
derechos humanos como las Farc, que no cuentan con perdón ni olvido de la
sociedad colombiana de bien. Y estarán con la identidad prestada a otros partidos,
pues como es lógico muchos conservadores
buscaremos el carácter propio de los líderes de antaño como Ospina, Alzate, y Laureano que lamentablemente ya no se
encuentra el PCC.
Es triste decirlo y ser testigo histórico que después de llevar más de
veinte años de militancia activa
conservadora lo que hoy por hoy observo con estupor es que la mal llamada e ilegítima
dirigencia conservadora “la indoctrinaria”, le niega el derecho fundamental bases de que se manifiesten en contra del
proceso de paz en la convención, como es su derecho legítimo, solo por buscar el
acomodo electoral de unos pocos reyezuelos oportunistas y calculadores.
Así hoy hay que decirlo sin temor que: –si la convención se realiza después
del plebiscito los vergonzantes miembros del Directorio Nacional habrán dado un
golpe de mano a las bases y a sus derechos legítimos y democráticos de decir y
de escoger-, “un golpe de estado a los votantes godos” a eso conservadores de pata pelada que se encuentran
huérfanos, desamparados y son víctimas de la falta de carácter de algunos
miembros de su propia dirigencia y, sobre de todo de aquellos que no se sabe si
están con la mermelada de la impunidad o
en la justa oposición.
De tal manera que la pregunta que queda por hacer es ¿y conservadores
para qué?
Por
Jonathan Delgado