sábado, 19 de marzo de 2016

SANTOS, LA OTRA JUGADA POLÍTICA.



                         
          “La necesidad no conoce leyes”
                                   Simón Bolívar al Vicepresidente Santander, abril 7 de 1825.       
   

En estos días Colombia está conmocionada por el revés que sufrió en la Haya frente al conflicto fronterizo con Nicaragua  pero cuando la democracia se encuentra bajo sospecha cualquier tesis, hecho o actitud política  puede resultar posible o mejor probable.

Cuando Juan Manuel Santos, se manifestó respecto al asunto en los siguientes términos Colombia: “no seguirá compareciendo, en este asunto,ante la Corte Internacional de Justicia (...)”, lo que estaba haciendo de facto era  dando un golpe de opinión al “bloque de constitucionalidad colombiano”, pues está desconociendo  la jurisdicción de la Justicia Internacional. Y el caso de Nicaragua es la excusa perfecta, pues  lo que está sucediendo de facto, es que está abonando el terreno para desconocer los otros tratados en especial los de  Derechos Humanos suscritos por Colombia, dejar sin dientes la posible intervención de los organismos internacionales frente a los delitos atroces que cometieron los señores de las Farc. Esto  es simplemente una lectura entre líneas,  la otra jugada política de la paz.

Basta con observar las reacciones patrioteras apenas unos minutos después de la lectura de la decisión tomada por la CIJ en la Haya, pero miremos desprevenidamente  la siguiente frase de Santos al referirse a los que los “temas”,  fueran cuales fueran,  “…no van a seguir sujetos a la decisión de un tercero y deberán abordarse mediante negociaciones directas entre las partes”, no es un asunto minúsculo pues nada más y nada menos que el jefe de estado y de gobierno de una República, de un estado social de derecho, que legislo de facto, y desconoció el bloque de constitucionalidad de la Carta Política pues los tratados internacionales ratificados por Colombia -indistintamente sean buenos o malos hacen parte de la misma unidad constitucional-.

En ese orden de ideas, la aparente afirmación patriótica del señor Presidente  que al parecer no tiene  un contenido jurídico pero si patriotero, no es otra cosa que el aprovechamiento del momento de efervescencia y calor de la dignidad nacional, para completar la otra jugada política la de la –paz-,  ya que  so pretexto del diferendo limítrofe con Nicaragua se abrió la puerta para que el país repudie los tratados internacionales y por ende la justicia internacional, -he aquí mi tesis política del asunto; el mayor inconveniente que el proceso de paz enfrenta es sin lugar a dudas la vinculación jurídica de Colombia con los tratados de derechos humanos siendo el más importante el estatuto de Roma, esto se debe a que en sus compromisos internacionales y contenido técnico de la norma el mismo hace parte del bloque de constitucionalidad del país.

En ese orden de ideas, es menester dejar en claro que es el mayor impedimento para firmar la paz pues se ha convertido en  el caballo de batalla de la oposición y de los defensores de los derechos humanos.

Así pues, la única forma que tendría el gobierno de lograr su tan mal armada paz para satisfacer sus espurias vanidades sería un proceso sistemático  de desmonte de los tratados internacionales vinculantes jurídicamente para el estado colombiano pero inconvenientes para el pos-conflicto y, las posibles admitías e indultos que se podrían dar, pues estos son limites jurídicos y en teoría obligatorios dado que hacen parte como ya lo dije antes del bloque de constitucionalidad, y que sin lugar a dudas trae consigo responsabilidades para los violadores de derechos humanos.

De ahí que la única forma que tendría el gobierno de hacer la paz seria desconociendo dichos tratados y una vez desmontándose expulsarlos de la Carta Política, ya que al tener una herramienta jurídica contraria al interés político, es necesario crear una nueva o una situación de hecho (Caso de Nicaragua), que le permita dar pequeños y certeros golpes de opinión para crear una constitución a la medida de la paz y no  del actual bloque de constitucionalidad de Colombia en lo que respecta a los tratados internacionales.

Así pues resulta que al poner al país en una situación de desconocimiento de la “Justicia Internacional” desconoce el mecanismo jurídico y por efecto domino a la Corte Penal Internacional, bajo la misma premisa que no permitiré que un tercero “decida sobre los asuntos de Colombia.” Y de esta forma en un futuro no muy lejano el gobierno generaría una parálisis e indecisión de quienes tiene a su cargo la representación judicial y política de los colombianos.

Y fatalmente la Corte Constitucional en su ejercicio de juez constitucional no será tan exigente, porque ya existe un precedente de inconveniencia nacional y dejara de lado su obligación de actuar como juez de convencionalidad respecto del proceso de paz y los crímenes atroces de las Farc, porque la paz todo lo puede por ser un valor supremo. Y de esta forma se arrasa la tradición jurídica de Colombia a nivel internacional.


Por


Jonathan Fernando Delgado Medina

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